Es increíble que en Costa Rica, después de tantos años de desarrollo intelectual y democracia, haya personas en la Asamblea Legislativa que se aparten de la discusión decente y susciten reyertas baratas en las que uno - asesor parlamentario - agrede con palabras zoeces e insultos generalizados, y el otro - diputado - le responde a puñetazos.
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